sábado, 17 de marzo de 2007

Sobre la cábala

Me quedé despierto de madrugada tal como me dijo Judith que debía hacer si quería encontrarme con Mayim en la biblioteca de la torre. Antes de su llegada había estado ojeando algunos de los libros sobre cábala. Todos en lenguajes oscuros para mí pero con inspiradores diagramas, complejos y fascinantes. Los símbolos cumplieron su misión insinuándome que a pesar de mi fascinación aun no habían empezado a desvelar ni el más inmediato de sus secretos. Entonces llegó ella. Lo más llamativo es la potencia que tiene su mirada, la certeza de que estás ante alguien de profunda fe y lo más alejado de un fanático. Yo sólo había visto antes algo así en Santiago, por algo ellos son como hermanos. Judith dice que cada uno sabe siempre dónde y cómo está el otro, y que supieron quienes eran el mismo instante en que se conocieron. Sobre los hombros de los dos hay un gran peso, un papel en algo terrible por venir.
Quiso saber inquisitiva qué me llevaba a interesarme por saber de qué trata la cábala. Traté de mostrarle mi sincero y humilde interés, sabiendo que es una chica muy exigente que probablemente tiene cosas más interesantes que hacer que perder el tiempo con un agnóstico, un pagano o lo que sea que yo sea. Es así como conocí a Mayim. Ella me habló de que la cábala se centra en la comprensión de la creación y perfila un camino de redención para aquel que al comprender de dónde ha venido es capaz de volver sobre sus pasos.
La creación es un proceso de Dios operando sobre sí mismo. Se produce una unión de lo activo y lo pasivo, una procreación y una concepción que hace que a partir de un Dios oculto sin cualidades ni atributos (En-Sof) se manifieste la divinidad mediante una serie de fases que proceden unas de otras y se suceden unas a otras. Estas son las sephira, mundos de luz, los nombres creadores que Dios se dio a sí mismo, que introdujo en el mundo y en los que se manifiesta la naturaleza oscura del En-Sof. La Sekinah es la presencia e inmanencia de Dios en todo la creación y en cada uno de nosotros. Así la creación es un despliegue de las sephira y en todas partes puede sentirse un mismo ritmo, el despliegue de sus ondas.
El místico de la cábala pretende remontar el proceso espiritual hasta sus fundamentos esenciales, una vuelta a la unidad y fuerza originales, produciendo la unión sagrada entre Dios y su Sekinah.
Me han fascinado los conceptos, la idea compartida de que el universo se despliega en un proceso activo, continuo y misterioso, que tiene en nosotros ese algo desde el cual observarlo, comprenderlo y vivirlo.

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