lunes, 19 de marzo de 2007

El sonido del mar

- Echo de menos el sonido del mar - dijiste mientras te desperezabas desnuda en mi sofá.
- Seguro que el mar te echa de menos a ti - pensé imaginándote en casa de tus padres a orillas del Egeo.
Te pedí que cerraras los ojos al recordar que antes de conocerte recogí de una playa en España un regalo para ti. Cuando coloqué la caracola junto a tu oído sonreíste. La sostuviste con tu mano con los ojos aún cerrados, escuchando con atención. Después los abriste y me hiciste la pregunta más bonita e inocente que me han hecho nunca.
Tras unos torpes comentarios (¡qué tonto se puede ser a veces!), me di cuenta de lo poco trivial que era la respuesta:
- Claro que sí, amor mío - respondí finalmente.
Mientras me abrazabas decidí que quién era yo para suponer que no comprenderás o aceptarás todo lo que tengo que contarte: lo que soy, lo que pienso, lo que hago.
No haré ningún plan, no ensayaré ningún discurso, no imaginaré ningún diálogo contigo. Todo surgirá y probablemente me darás una lección.

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