jueves, 22 de febrero de 2007

Los catáfilos

Suena a tópico pero París nunca deja de sorprender. Al interesarnos por las catacumbas hemos descubierto todo un movimiento de gente que las explora, mapea y disfruta. Se hacen llamar catáfilos y tienen interesantes páginas web que incluyen mapas y fotografías.
Aunque nosotros sabemos que no son lo único que se mueve por los subterráneos.
Gabrielle y yo hemos encontrado una puerta desde el parking de la torre para acceder a las catacumbas. Lo curioso es que esta puerta no estaba allí el día anterior, y que en ella hay grabada una máscara sonriente con aspecto clásico. Parece el rostro burlesco de un sátiro. Sea lo que sea lo que mora en el subsuelo acaba de invitarnos a que lo descubramos. Por eso convencimos a un par de catáfilos para que nos hicieran de guía y hemos explorado algunas zonas durante la noche. Bajo la zona del Trocadero existe una sala subterránea bastante amplia, y esta gente ha montado un cine clandestino. Acudimos a una proyección y tuvimos un encuentro más que interesante: Olympia.
La chica que manejaba el proyector estuvo charlando con nosotros y ahora no recuerdo cómo, la conversación desembocó en que existía una caverna que para ella era un lugar perfecto para meditar. Practica los ritos de incubación e intenta experimentar lo que ha leído y oído sobre la tradición de los Iatromantes de la antigua Grecia. Se ha criado oyendo hablar de estas cosas, ya que su padre es un historiador de las religiones griego, un tal Alexandros Doxiadis. No doy crédito a encontrar un practicante de todo lo que he estado leyendo. Me encanta la sencillez con que trata el tema, como si fuese algo cotidiano, sin ninguna ínfula de intelectualidad ni pretensiones de sorprendernos. Nos lo comenta porque ha salido el tema. Gabrielle se ha interesado por tratar de encontrar esa caverna. Si la chica siente que es un lugar especial, lo más parecido a una puerta al inframundo, tal vez lo sea. Un lugar conectado con el Otro lado.
Yo no le he hecho casi preguntas. Sólo quiero escucharla. Hay algo en ella, y no me refiero a lo increíblemente guapa que es, sino a una quietud que desprende. Nos comenta un local en el que suelen reunirse los catáfilos por si queremos pasarnos.
Volverla a encontrar es ahora mi prioridad.

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