jueves, 22 de febrero de 2007

La puerta al inframundo

He estado leyendo En los oscuros lugares del saber de Peter Kingsley. Con él he descubierto el trasfondo del poema de Parménides y comprendido que en la tradición europea también han existido prácticas chamánicas.
Explica en su libro que hacia el siglo VI a.c. una forma de iniciación importada desde Anatolia occidental a otras zonas del Mediterráneo y del mar Negro consistía en sufrir los ritos de incubación. Mediante cierto arte de la meditación llamado hesychia, en ciertas grutas consideradas puertas al inframundo (Caronium o Plutonium), el místico llegaba a un estado entre el sueño y la vigilia donde se abolían el tiempo y el espacio. Era su método para alcanzar la muerte iniciática.
Llegaban a convertirse en Pholarchos, señores de las guaridas, capaces de viajar al reino de los muertos sin haber muerto, aprender de sus propios sueños y adquirir poderes de oráculo de la mano de Apolo Oulis (Apolo sanador) o de su hijo Asclepio, así como la capacidad de guiar a otros en sus procesos de incubación para sanar sus cuerpos al ponerlos en contacto con esta otra realidad.
Eran llamados Iatromantis.
Con los ritos de incubación se conseguía la llave para descender a los infiernos y regresar transformado del Hades, que es llamado Plouton (Pluto), el Rico, donde se esconden todos los tesoros, donde se produce el encuentro con los dioses.
Fascinante.

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