jueves, 29 de mayo de 2008

Desvanece

Pues no sois sino lo mismo,

Lucero del alba

y Estrella vespertina;

espada negra hendida

y sangre en la brillante herida.

viernes, 4 de abril de 2008

La Serpiente

"Yo soy lo que permanece... ¡El mundo volverá al caos, a lo indiferenciado, yo me transformaré entonces en serpiente que ningún hombre conoce, que ningún dios ha visto!"
Libro de los muertos.

"¡Oh noche, negra nodriza de estrellas de oro! De estas tinieblas han salido todas las cosas del mundo, su fuente y su matriz."
Ireneo Philalethes.

¿Cómo tratar de comprender y expresar aquello que está más allá de la expresión? Hoy se me plantea un reto complicado. ¿Podría intentar explicarme o explicaros qué es lo que empieza a intuir mi pobre entendimiento? Tal vez exista una única vía que sirva a este empeño, pues si es posible una forma de aproximarse a lo que supone el misterio al que nos enfrentamos es sin duda la intuición que nos abre el no saber, la difícil libertad de no tratar de asir nada para que tal vez entonces todo nos sea revelado. Hablo de captar el sentido de lo atemporal, de lo que se encuentra más allá de los conceptos.
Sería posible aproximarse mediante el lenguaje de los sueños, aquel con el que se expresa el arte verdadero, el de la idea en su forma primordial; así es la llave de la puerta a lo inefable, la que encaja en el corazón que siempre ha sabido y simplemente ha olvidado. Esta llave, lo sabemos, es el símbolo, y por ello tal vez pueda, hablándoos del símbolo, llegar a expresar aquello que es fulminante intuición, pues si lo lograra, si llegáramos a aprehenderlo, nos liberaría de los esquemas que esclavizan y limitan nuestra mente. Seguidme pues si queréis ahora que estáis advertidos de que esto no será una explicación ordenada y lógica de claridad meridiana, sino un caótico descenso en busca de la luz que otorga la noche de la nesciencia.

¿Quién es Eugen? Eso es lo que busco comprender: ¿es el Espíritu del Mal?, ¿el demonio manipulador y tentador?, ¿el deliberado justo castigo que aguarda al final del callejón de las bajas aspiraciones humanas? Sí, así lo creo. Y así le gusta hacérnoslo saber. Y sin embargo llega mucho más allá, pues cuando estás en su presencia puedes observar el porte elegante a la vez que desenfadado de su forma humana, el fuego de su mirada, su sonrisa hipnótica y saber, sin lugar a dudas, que realmente prosigue y prosigue, pues es sólo la encarnación de la serpiente cuyo ser se prolonga más allá del alcance de lo visible y de los limitados conceptos de la razón.
Pero, ¿qué es la serpiente? Y aquí es donde deberá comenzar el símbolo.
Es la sombría bestia ctónica, el dragón de las profundidades del subsuelo y a la vez criatura de las aguas; hija del sol y de la luna, bien y mal, aquella que ostenta los terribles poderes de los dioses de la tierra, guardiana de sus tesoros y del fuego de su ciencia. Emerge de las profundidades para traer el veneno y la muerte, pero en ella reside el poder de la vida y la curación, pues es el antiguo dios primigenio, receptáculo de todo germen. Habita las aguas primordiales de las que se producen todas las formas y a las que todo lo que existe volverá por reabsorción. Es la regeneradora, dueña de la matriz del mundo, fuente de todas las potencialidades, del principio vital y de las fuerzas de la naturaleza. Como gran devoradora es la portadora del tesoro sapiencial que llevará a la muerte al iniciado al introducirlo en sus fauces, umbral que conducirá al héroe a los infiernos de donde habrá de retornar transformado. Es llamada negra noche de los orígenes, polo tenebroso del mundo que todo lo anima y todo lo destruye. Por ello en el antiguo pensamiento egipcio, mesopotámico o griego, representaba el mal en cuanto suponía la amenaza que podía llevar al cosmos a su disolución, la enemiga del sol, pero por otro lado era el caos sacrificado para actualizar la creación, la fuerza vivificadora. Y su sabiduría era la de la conciliación del alma y el espíritu. Es por ello que se cuenta que cuando Apolo mató con su flecha a la serpiente Pitón en Delfos, no sólo eliminó de la tierra "la desgracia y perdición de los mortales que viven en este mundo", sino que logró adquirir los poderes oraculares de la bestia mediante su sacrificio, absorbiendo con ello las fuerzas que equilibran el espíritu. Consiguió el fin supremo que constituye la armonía que concilia los contrarios, en este caso, los poderes del cielo y de la tierra. Y así podemos verlo también en el caduceo de Hermes; dos serpientes ascienden enroscadas alrededor de la vara central, doble sentido de intoxicación y curación, y componen la imagen de la dualidad que será finalmente integrada.
La serpiente enroscada en el eje del mundo es una escala que lleva a explorar el poder potencial latente, tanto en el sentido oscuro como luminoso, pues su sendero puede ser tomado de forma ascendente o descendente. Por ello es entendida como benéfica cuando se asocia al Árbol de la Vida y maléfica cuando se encuentra sobre el Árbol de la Ciencia; su naturaleza es la de aquello que hace ascender la esencia vital por el tronco del Árbol del Mundo pero que, al mismo tiempo, corroe incansable sus raíces.
Sin embargo, nuestra interpretación demasiado simplificadora y dualista del bien y del mal rompe el equilibrio y lleva a la serpiente a encarnar para nosotros sólo aquello que nos repugna. Y se convierte sólo en muerte, sólo en oscuridad.
Pero, ¿sería posible acercarse a ella buscando sus tesoros sin olvidar en ningún momento que es todo esto y mucho más de lo que soy capaz de expresar? ¿Es posible encontrar en ella la fuente oscura de la luz que nos ayudará en nuestros propósitos? Muy difícil de imaginar cuando cada una de las visitas de Eugen se convierte en un terremoto para el alma en el que siempre recibes más de lo que esperabas y creedme, convertir lo que te ha otorgado o arrebatado en algo provechoso es un arte realmente difícil de manejar.
Pero aunque es terriblemente peligroso hablar con él (en su presencia cobra un sentido profundo aquello de "cualquier cosa que digas podrá ser usada en tu contra"), estoy empezando a entender que por él pasa la comprensión y tal vez la cura de un mal que a diferencia de Eugen, tal vez no tenga cabida en este mundo. Y es que es duro pensar que existen peligros mayores que el diablo. Pero así ha resultado ser.

jueves, 28 de febrero de 2008

El Espíritu del Mal

"La voluntad del Pensamiento Supremo era que el hombre, tras ser castigado con la muerte por haber probado el fruto del Árbol del Bien y del Mal, conservara su libre albedrío, para poder elevar poco a poco los mundos inferiores al Trono, a la altura de aquellos que se encuentran inmediatamente por encima de él. El libre albedrío no hubiera podido existir sin el demonio que incita al mal. He aquí pues, porque la Sekinah prefiere sufrir la invasión de los demonios que la hieren como la punta de una aguja, a dificultar la eterna felicidad de los hombres."
El Zohar (II, 117b)


Mientras subíamos juntos el escarpado sendero que lleva hasta las ruinas del torreón que perteneció a sus antepasados, Emil Istrati se detuvo sin resuello. Se quitó su extravagante sombrero de ala ancha, secó el sudor de su frente con un pañuelo y en cuanto recuperó el aliento respiró hondo para exclamar alegremente con su peculiar francés:

- ¡Caramba! ¡Ahora recuerdo por qué aprendí a teletransportarme!

Que se hubiera convertido en un personaje popular en ciertos ámbitos por su excentricidad, su erudición, su generosidad como mecenas y su poco habitual costumbre de darse a conocer en público como un mago, no era lo que me había llevado a viajar a Rumanía para conocerle. Tampoco que hubiera construido su casa siguiendo los planos de Uraniborg, la mansión palaciega que el célebre astrónomo Tycho Brahe construyó en 1580 en honor a la musa de la astronomía y que se convirtió en un importante centro de estudios en su Dinamarca natal. No soy tampoco uno de esos estudiosos que se gana su estancia aquí, este apacible lugar entre bosques y montañas donde consultar ciertos libros, escribir los propios u observar las estrellas. Ni tampoco un periodista que quisiera una demostración de la prodigiosa habilidad para recordar que había desarrollado Istrati siguiendo el antiguo Arte de la Memoria. Lo que me había traído hasta él y había hecho que también se interesara en conocerme, era la existencia de un "amigo" común; el terrible visitante esporádico a quien ambos habíamos tenido el "honor" de conocer: aquel que se hace llamar Eugen.

Istrati es un hombre de grandes inquietudes que a la manera del doctor Fausto había practicado la medicina en su juventud, después se había interesado por la filosofía, más tarde había estudiado teología hasta que finalmente un día pensó que no sabía realmente más que antes. Tal vez por esto había llamado la atención de nuestro Mefistófeles particular, quien según me contó Istrati, se presenta en el umbral de su casa de tanto en tanto desde hace varios años. Siempre de trato escrupulosamente educado, siempre correcto, Eugen suele llegar al caer la noche alejándolo temporalmente de sus meditaciones, sus estudios o sus trabajos en el laboratorio alquímico. Requiere su hospitalidad y su atención y mantiene largas conversaciones con él sobre los más profundos temas:

- pues ya se sabe que el diablo cuando quiere es un gran teólogo -me comentaba mientras reemprendíamos la subida.

Cuando decide quedarse en la casa, Istrati manda preparar para él la habitación que en el Uraniborg original se había construido para hospedar al propio rey Federico II, y mientras Eugen descansa plácidamente, su anfitrión pasa el día pidiéndole a Dios discernimiento para eludir las trampas que le va tendiendo implacable, casi imperceptiblemente, desplegando la más aguda habilidad para descubrir todos sus miedos y anhelos. También suplica fortaleza para, sin ceder a sus proposiciones y manteniéndose firme, tratarlo siempre con el mayor de los respetos, pues si te muestras orgulloso sientes como se agita la cólera que vive en él y si lo estima oportuno te devuelve la humildad aniquilando aquello que más amas:

-Como dijo acertadamente Gérard van Rijnberk: "uno no trata de igual a igual con las fuerzas de la Nada" -comentó Istrati con un suspiro.

Cuando alcanzamos la cima del torreón, nos sentamos junto a una ventana desde la que se veía un precioso valle en el que el sol hacía brillar un mar de niebla matinal. Tras unos minutos de silencio contemplando aquel paisaje glorioso continuó:

-Yo sólo puedo ofrecerte mi humilde consejo Pola. Tú deberás valorar según tu fe y tu entendimiento, pero en cualquier caso, es necesario si tratas con él no andar totalmente perdido; debes mantener siempre la vista y el corazón centrados en lo único importante.

Me miraba fijamente con sus pequeños y brillantes ojos cerciorándose de que le iba a escuchar con atención. Cuando le conoces es verdaderamente llamativo el candor que transmite su mirada, más propio de un niño que de un hombre cerca de los sesenta.
Entonces se levantó y dijo con el aire teatral que le caracteriza:

-Compartiré contigo estas palabras; pertenecen al Zohar y trasmiten una gran verdad -y tras cerrar los ojos y hacer una pausa, comenzó a recitar:

- "Todo lo que el Santo, bendito sea ha hecho Arriba y Abajo ha sido con el objeto de proclamar Su gloria; no lo ha hecho sino por satisfacer Su voluntad. ¿O acaso puede imaginarse un esclavo volviéndose contra su amo y contradiciendo su voluntad? Por lo tanto, el Espíritu del Mal satisface la voluntad de su dueño.
Esto es comparable a un rey que tenía un único hijo al cual quería mucho. Le aconsejó que no se acercase a ninguna mala mujer, pues sería indigno de entrar en el palacio real. El hijo prometió cumplir con la voluntad de su padre.

Fuera del palacio había una cortesana de gran belleza física y elegantes movimientos. Se dijo un día el rey: "quiero comprobar si mi hijo me obedece." La llamó y le dijo: "procura seducir a mi hijo pues quiero comprobar hasta dónde es capaz de obedecerme." La cortesana se dispuso, pues, al seguir al hijo del rey, lo abrazó, le besó y, en fin, empleó todas sus artes de seducción. Pero el príncipe se contuvo dignamente y siguió el consejo de su padre; no la escuchó y la rechazó. Entonces el rey se regocijó enormemente con su hijo, le mandó entrar en palacio y lo colmó de presentes y de gloria.
¿Cuál es la causa de la gloria de su hijo? ¿No es acaso la cortesana quien merece ser elogiada por partida doble; por un lado porque no hizo sino obedecer las órdenes del rey y por otro, porque ella es la causa de todas las mercedes con las que el rey colmó a su hijo? Por esa razón el Ángel de la Muerte, que es el mismo que el Espíritu del Mal, es calificado "muy bueno", porque causa mucho bien a quien escucha la voz de su maestro."


Como ves él tiene su propio papel, sometido como todo a la Justicia universal -explicó volviendo a su tono habitual -. Y es muy importante recordar el peligro en el que se adentra el insensato que quiera desviar las fuerzas que representa según sus propios designios: aquel con ciertas aspiraciones será un juguete en sus manos; aquel que crea que puede dominarlo se convertirá en su desdichado servidor.

Volvió a sentarse junto a mí y mientras preparaba su pipa prosiguió:

-No olvides nunca, ¡nunca!, que él es el Tentador, el dragón que guarda el gran tesoro, la serpiente que tratará de mantenerte encadenado a todo lo contingente. Te hablará, te engañará, te cegará para que no encuentres el camino de la inmortalidad. Pero debes recordar que tú sabes dónde hallar ese camino, pues el Edén siempre ha estado muy próximo, sencillamente oculto en el centro de todas las cosas -y poniendo la mano en el pecho sobre su corazón continuó con la voz algo más baja-. Aquí arde el fuego secreto, la chispa de la Luz inteligible, la llama del Verbo creador en cada cosa creada; esta es el agua ígnea imperecedera, el disolvente universal que resolverá todos los contrarios. Este lugar es llamado el Santo Palacio, la Estación del Resplandor, el punto donde se refleja la Actividad del Cielo. Allí es donde se produce la intersección del microcosmos y el macrocosmos donde el ser humano recobra la eternidad perdida, su dignidad primera. En él reencontramos el manantial que brota a los pies del Árbol de la Vida, pues como escribió Angelus Silesius: "el plomo se cambia en oro, el azar se disipa cuando con Dios, soy cambiado por Dios en Dios." Y Eugen está aquí para impedir tu viaje de regreso. Así que recuerda esto: mantén tu atención en lo único importante -y mientras encendía la pipa terminó diciendo-, pues debes tener en cuenta que él jamás, ¡jamás! lo olvida.

Pasamos el resto del día charlando de múltiples cosas. Me mostró su esmerado jardín de setos esculpidos con intencionadas figuras geométricas, su laboratorio, sus instrumentos para observar el cielo, su biblioteca. Tuve la ocasión de conocer a algunos de sus invitados, de asistir a una de sus lecturas y después pasear por el bosque cercano que se extiende hasta los pies de los Cárpatos.
Tras una suculenta cena en el salón me despedí para marcharme a la habitación que se me había asignado. Pero antes de alcanzarla me detuve frente a la puerta de la estancia preparada para el rey sintiendo muy sutilmente el escalofrío que provoca la presencia de Eugen. Cuando casi me había decidido a girar el pomo, me di cuenta que Istrati había subido las escaleras tras de mí y me observaba en silencio con atención.

- Una última cosa querido Frantisek -dijo entonces acercándose y poniendo la mano sobre mi hombro -: no permitas que él te conozca mejor de lo que te conoces tú mismo; amigo, debes ser absolutamente sincero, y si te descubres un día anhelando una de sus visitas debes de estar totalmente dispuesto a saber por qué lo haces o prepararte tal vez para perderlo todo. Buenas noches.
Y despidiéndose con uno de sus corteses ademanes se marchó por el pasillo camino a su habitación.

Tardé muchísimo en dormirme aquella noche. El silencio absoluto de aquel paraje parecía aumentar el volumen de mis pensamientos y rememorando todo lo que había sido el día recuerdo que pensé que Istrati estaba en lo cierto, que era un hombre valiente de ánimo incólume capaz de hacer brillar con la luz de la santidad la cosa más oscura. Y sin embargo me parecía que su visión tal vez no abarcaba más que una de las caras del prisma de lo que Eugen es. Me descubrí pensando en indagar más allá para tratar de entender las otras facetas; debía tener una visión más completa para no precipitarme en ninguna decisión de la que pudiera arrepentirme siempre, pues es difícil evaluar todo lo que está en juego cuando él está cerca.
Sin embargo, también recuerdo que antes de dormirme pensé, recordando la advertencia de mi anfitrión, que tal vez ese afán de encontrar otros sentidos no era más que la excusa que había escogido para ocultarme a mí mismo por qué en ocasiones, pese al profundo temor que siento, me descubro inquieto anhelando sus visitas en secreto.

miércoles, 23 de enero de 2008

El "plan"

"Por desgracia, a veces ocurre que aquellos que creen combatir al diablo, sea cual fuere la idea que se hacen de él, se ven así, con la mayor sencillez y de manera imperceptible, convertidos en sus mayores servidores."
René Guénon


Desde que vivo en París y mis ojos están más abiertos, he ido comprendiendo cómo en muchos aspectos este lugar es un enclave muy especial, un semillero del que surgen las más variadas ideas. Aquellos que han comprendido o intuido la particular fuerza que posee el espíritu de esta ciudad y han tratado de utilizarlo o domesticarlo según sus propios designios, pueden haberlo conseguido con mayor a menor resistencia, mayor o menor fortuna, pero si lo han hecho, sus logros se propagan hacia el resto del mundo, afectando profundamente en ocasiones al devenir de la humanidad.
Pero el orden humano y el orden cósmico no son realidades separadas; reaccionan y se reflejan el uno en el otro imbricados hasta lo más profundo en una íntima correspondencia.
Y es que existe en este lugar un caos vivo de potencialidad terrible. Mora en lo profundo y a veces camina por la superficie. Se regocija con los ciegos que lo invocan inconscientes y ante los locos que creen comprender y controlar su naturaleza. Él se burla del cosmos con su sonrisa de serpiente y pasea por París -que dice le pertenece-, sabedor de que muy pocos pueden ver lo que esconde su rostro de joven encantador y son aún menos aquellos que podrían siquiera soñar con oponérsele. Y esta ceguera e incapacidad son parte de lo que esta ciudad ha contribuido a extender por el mundo. París no es el núcleo de todo, pero sí ha jugado un papel considerable convirtiéndose en un centro importante del nacimiento y desarrollo del pensamiento moderno.

¿Por dónde empezar? ¿Cuál es la causa de la inconsciencia ante la presencia de un ente como este y de todo lo que representa? Un ser humano reducido a simple espectador a quien se ha privado del uso de las facultades que le permiten rebasar las barreras de lo meramente sensible y establecer una conexión con aquello que pertenece al ámbito de lo espiritual. Pero, ¿cómo atrofiar un sentido tan profundo? Consiguiendo que toda su atención y todo aquello que pueda realmente concebir se restrinja a sus sentidos; un universo reducido a la materia y una materia despojada del alma que la conecta a todas las cosas de este y otros mundos.
Esta concepción materialista está fundamentada en el racionalismo, llevando a sus últimas consecuencias el dualismo que introdujo la filosofía de René Descartes y que separó e incomunicó el cuerpo y el espíritu. Relegado el espíritu a una trascendencia inalcanzable, la atención de la mente moderna debía centrarse únicamente en aquello meramente corpóreo y mensurable, desvinculándose de todo lo que perteneciera al ámbito de lo sutil.
La ideas de Descartes se propagaron en gran medida gracias a la labor de difusión de su amigo y consultor Marin Mersenne, miembro de la austera orden de los Mínimos y también científico. Mersenne mantenía una abundante correspondencia con la intelectualidad de la época como científicos de la talla de Galileo, Fermat o Huygens. Fue un apasionado defensor del racionalismo cartesiano así como detractor de la concepción del Alma del Mundo, lo que le llevó a un largo enfrentamiento intelectual con Robert Fludd.
El desarrollo del racionalismo corrió paralelo a la reforma que Richelieu comenzó en Francia y que desembocó en el desmantelamiento del poder feudal de la nobleza y la instauración de la monarquía absoluta. En París su política y la de sus sucesores el cardenal Mazarino y Jean-Baptiste Colbert, llevó a cabo una profunda remodelación urbana. No sólo se alumbró, pavimentó y ensanchó el trazado de las calles, sino que se produjo todo un cambio en la mentalidad sobre la función del espacio público que comienza a consagrarse a la mera circulación, relegando otro tipo de actividades antes públicas al ámbito privado y familiar. Se persigue y encarcela a aquellos considerados marginales, como los que formaban la llamada corte de los milagros, y la planificación urbana comienza a tener un importante papel en la ordenación de la vida y el control de los ciudadanos por parte de la policía y el ejército.
¿Qué clase de fundamento había encontrado la filosofía de Descartes para tener tal aceptación y desarrollar tanta influencia desde entonces hasta hoy? El cambio que en el espíritu de la época y las costumbres habían propiciado tanto la Reforma protestante como la Contrarreforma producida como respuesta por parte de la Iglesia Católica.
La Reforma no pretendía liberar al individuo, sino restablecer el rigor y el orden que el cristianismo había perdido por los desmanes de la iglesia. El protestantismo introduce un profundo rechazo a la cultura del Renacimiento que considera pagana y produce una censura radical de la cultura hermética y neoplatónica que, incorporada al cristianismo, exaltaba la Imaginación como sentido interno que permitía al ser humano aprehender las realidades del espíritu. Era éste el lugar de manifestación de dáimones y dioses. Todas las artes y las ciencias basadas en esta concepción comienzan a ser consideradas juegos diabólicos y a ser perseguidas. La Contrarreforma de la Iglesia Católica, lejos de defender la visión del Renacimiento, se afana en el rigor como Lutero, Calvino o los puritanos ingleses y pone al servicio de su persecución a la Inquisición.
Con esta revolución comienza la aniquilación del mundo del Alma, el reino intermedio que pone en comunicación la realidad sensible con el mundo supraceleste del espíritu, perdiéndose el puente que los conecta y con ella el "ojo espiritual" que supone la escala hacia lo trascendente. Se constituyeron así las bases de la cultura occidental moderna, relegándose cualquier otro tipo de concepción a la marginalidad.
Conscientes aquellos que son sus adalides de que a pesar de todo esfuerzo por controlar y uniformar el pensamiento y el comportamiento humano siempre es posible que se produzca una reacción ante la extirpación de algo tan fundamental, se ejerce el control férreo de la propaganda y no sólo se diseñan las normas, sino las normas para transgredir las normas, procurando reconducir a los descontentos hacia ámbitos inofensivos para el poder. Una forma eficiente de debilitar algo peligroso es convertirlo en una moda y pasar a controlarlo, vaciándolo de cualquier sentido profundo que pudiera tener para dejar en todo caso las formas externas. Se pervierten los mensajes e incluso el sentido de las palabras que poco a poco pasan a no significar casi nada.
Y estos tecnócratas o ingenieros sociales son muchas veces inconscientes de las fuerzas que manejan y que apenas entienden, sirviendo a influencias que ni siquiera son capaces de concebir. Mientras, éstas les observan con una sonrisa en la boca y un profundo convencimiento de que este mundo les pertenece.

Así es el gesto de la serpiente que a veces pasea por la superficie de la ciudad. Debe tener muchos nombres. Ante mis compañeros y ante mí se presenta como Eugen. Habla con nosotros sabedor de que somos capaces de percibir el fuego contenido tras sus ojos y va tejiendo sutilmente su influencia a nuestro alrededor aún no sabemos con qué intenciones. Comprender en la medida de lo posible quién es y qué es lo que quiere ocupa gran parte de mis pensamientos. Jamás creo haberme embarcado en nada más peligroso y difícil, pero sé que él encarna un secreto fundamental; sólo espero tener suficiente sabiduría como para no perder de vista el gran camino, si llego a acercarme demasiado a los senderos tortuosos.


miércoles, 2 de enero de 2008

Elixir

Quintaesencia,
lo primero y lo último,
Caos, raíz del mundo.

Los despiertos la perciben;
los conocedores la toman de lugares donde mana;
los que han comprendido la toman de cualquier lugar,
pues su fuente no mana de ningún sitio
sino de todo sitio;
su agua siempre ha existido
y es nueva;
si ahora fluye aquí
no ha sido desviada de ningún otro lugar;
recién creada a la vez que eterna e inagotable,
al amanecer recogen su rocío
en los campos de la eternidad.

martes, 25 de diciembre de 2007

Eterno retorno

.
Este es el camino del sol durante el solsticio de invierno en el hemisferio norte. La foto es de la web de la NASA y está tomada junto al mar Tirreno.

Cuando el fotógrafo eligió situarse en esta perspectiva consiguió capturar el camino del sol como un arco sobre un árbol solitario. Comprendió que al superponer las imágenes de la estrella a lo largo del día obtendría un imagen de una fuerza y belleza singular. Es seguro que compuso previamente esa imagen en su mente consciente de su potencia, intuyendo que componía un símbolo, una ventana a la aprehensión de algo eterno situado más allá. En esta imagen no sólo captó el ciclo de un día que marca el ciclo de un año; me pregunto si pudo ver hasta qué punto fue capaz de captar la eternidad.
Explica René Guénon en su libro "El simbolismo de la cruz", que la imagen del sol en diferentes tradiciones está íntimamente ligada a la del árbol ya que el sol es visto como el fruto del "Árbol del Mundo"; este fruto abandona su árbol al comienzo del ciclo y al final va a reposar de nuevo sobre él.
En la tradición hindú se dice que los doce Adityas, las doce formas del sol, aparecen simultáneamente al final del ciclo, momento en que el árbol del mundo posee doce frutos. Son los dioses solares hijos de Aditi, diosa madre primigenia, fuente de la que todo parte y a la cual todo debe retornar. En ese instante eterno, las diferentes formas se reintegran en la unidad esencial de su naturaleza común, pues no son más que manifestaciones, diferentes estados de una esencia única e indivisible.
El fin y el inicio del ciclo se corresponden con la reintegración de todas las cosas a su estado primordial; queda superada la dualidad en la unidad y es así recuperado el sentido de la eternidad.

Ese día el fotógrafo captó el Edén a orillas del mar Tirreno.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Imaginatio Vera

"Si hay un rasgo revelador de la posición del hombre en el cosmos es la nostalgia por las formas trascendentes."
Mircea Eliade.

En la raíz misma del pensamiento griego y de la filosofía hermética y por influencia de éstos en las tradiciones místicas de judaísmo, cristianismo e islam, se encuentra una doctrina que influyó profundamente en la cultura occidental. Tuvo un importante papel en las teorías que pretendían explicar tanto los procesos de conocimiento del mundo sensible como las posibilidades del ser humano de adentrarse en el verdadero conocimiento: aquel que supone el acercamiento al mundo inteligible (el arquetipo eterno, estable y preexistente de todo lo que existe, la realidad de las Formas y las Ideas o el mundo supraceleste de la divinidad). El concepto que condicionó estas teorías fue la creencia de que existe una homología entre el macrocosmos que es el universo y el microcosmos que es el hombre. El ser humano, que se entiende compuesto de cuerpo y alma, reúne los dos mundos: su cuerpo forma parte del mundo sensible material y su alma, según la doctrina platónica y hermética, lleva impreso en sí el compendio del mundo inteligible.
Para Aristóteles (384-322 a.C.) y Zenón de Citio (333-264 a.C.) fundador del estoicismo, una teoría de cómo el ser humano es capaz de conocer el mundo sensible debía explicar cómo pueden ponerse en comunicación cuerpo y alma para que aquello que captan nuestros sentidos se traduzca en una forma que pueda ser entendida por el intelecto. Propusieron la existencia de una facultad "traductora" capaz de producir "fantasmas comprensibles", es decir, de elaborar imágenes a partir de la información sensible, pues según proponía Aristóteles, el alma jamás intelige sin el concurso de una imagen. Este órgano traductor era para él la envoltura sutil del alma, compuesta de la misma sustancia (el pneuma o espíritu) del que estaban hechas las estrellas: tan sutil que se acerca a la realidad inmaterial del alma pero capaz a su vez de entrar en contacto directo con la realidad sensible. Los estoicos sin embargo pensaban que el pneuma era la propia alma en sí. En cualquier caso, ambos proponían que es la facultad hacedora de imágenes del alma la que lleva a cabo el proceso; la imaginación se convierte así en intermediaria entre percepción y pensamiento, sirviendo de enlace entre el mundo exterior y el interior.
Mientras que Aristóteles consideraba que todo conocimiento derivaba de las impresiones sensoriales, Platón (427-347 a.C.) afirmaba que el alma contiene las huellas de las Ideas del mundo inteligible, las entidades abstractas que constituyen el sustrato de la realidad. De esta forma, el conocimiento verdadero se realizaba por comparación, es decir, el objeto se comprende porque la impronta de su impresión se adecua a la forma de la realidad superior, o dicho de otro modo, el objeto es reconocido por el alma. Dado que el mundo inteligible posee las formas de todo lo que existe en el mundo sensible, el alma humana tiene nada menos que los moldes eternos de los que deriva la manifestación del mundo, es decir, contiene en sí el modelo mismo de la creación.
Estas ideas también se encontraban en los textos del Corpus Hermeticum donde la mente del hombre se considera reflexión directa de la divina y cuando el alma se encarna en un cuerpo puede recobrar su naturaleza superior a través de la experiencia religiosa hermética. Dice en el Asclepio:
"Oh Asclepio, qué gran milagro es el hombre, ser digno de reverencia y honor. Pues pasa a la naturaleza de un dios como si el mismo fuera un dios; es familiar a la raza de los demonios, sabedor de que ha salido del mismo origen, desprecia aquella parte de su naturaleza que sólo es humana, pues ha puesto su confianza en la divinidad de la otra parte."
Para los neoplatónicos (movimiento filosófico iniciado en Alejandría en el siglo III d.C.), esta idea estaba contenida en su concepción filosófico-religiosa. Según su creencia, a partir del Uno o realidad suprema surgía como primera emanación el Logos o Inteligencia, que contiene las ideas de todo lo que existe (mundo inteligible), del cual emana a su vez el Alma, base misma de la realidad, principio del movimiento y de la materia. Esta Psyché tou Kosmou o Alma del Mundo es inmanente al universo sensible y se manifiesta en todo, incluida el alma de cada ser humano. Es pues tanto colectiva como individual, tanto un macrocosmos como un microcosmos.

El ser humano es tratado por todas estas filosofías como una criatura de posición privilegiada, compendio en sí mismo de todos los niveles del cosmos, desde el Uno o Dios hasta la materia, y aquello que conecta al hombre a todos los escalones del ser es su alma. Debido a que participa tanto del mundo inteligible (cuyas formas tiene impresas) como del mundo sensible (al cual es inmanente), el alma es llamada copula mundi o nodus mundi, y se hablaba de ella como un espejo de doble cara capaz de reflejar en su superficie tanto el mundo sensible como el mundo superior. El ser humano posee así en su interior dos "órganos de la vista" orientados hacia ambos mundos.

Marsilio Ficino (1433-1499) entró en contacto con estas ideas y las propagó con gran intensidad en el Renacimiento al traducir al latín el Corpus Hermeticum y las obras de Platón y de Plotino. Consideraba que este ojo vuelto hacia el mundo inteligible, el oculus spiritualis, realizaba la operación simétrica a la del conocimiento sensible. Proponía que era posible a través de una elevación intelectual gradual la formación de una consciencia interior capaz de percibir revelaciones del mundo inteligible en forma de imágenes. Así, a través del uso de jeroglíficos, emblemas, talismanes, música o poesía, se exaltaba y se dirigía la imaginación para hacerla capaz de recibir las influencias celestiales y las revelaciones del mundo superior. El microcosmos que es el alma podía reflejar el divino macrocosmos y captar su significado, siendo posible aprehender y entender el macrocosmos por el poder de la Imaginación, la más elevada potencia en el hombre. Pero no se refiere esta imaginación a aquella con la que fantaseamos realidades imaginarias, sino a la Imaginatio Vera. Llamada por los alquimistas Astrum in homine, es un órgano o facultad de verdadero conocimiento o mejor podríamos decir de conocimiento verdadero.
Y es esta estrella en el hombre o espejo del cosmos aquello que debe cultivarse, bruñirse y exaltarse y de cuya mano viajan hacia su meta místicos, poetas, magos, cabalistas y alquimistas.

El mago era alguien que habiendo tomado conciencia de sus posibilidades, entendía la forma en que se relacionan las partes de arriba (macrocosmos) y de abajo (microcosmos), de forma que era capaz de manipular las imágenes a nivel de su propia alma pudiendo actuar a través de ella. La meta consistía en conseguir cierto dominio para dirigir los poderes divinos del mundo superior y modificar el modo en que actuaban sobre el mundo inferior. Conocer las correspondencias entre los objetos del mundo sensible y el mundo inteligible le permitía hacer uso de cierto tipo de elementos como talismanes (con formas, símbolos y colores apropiados), estatuas, música o conjuros y canalizar así hacia su propio espejo el influjo de potencias divinas (como por ejemplo los planetas). Era una invocación que le proporcionaba el trato con dioses y demonios con el que podía trasformarse a sí mismo o al mundo. La magia permitía pues a los hombres atraer hacia sí la influencia y el poder de las potencias mediante el manejo de los elementos inferiores con los que se correspondían.

Esta capacidad de elaborar imágenes significativas correspondientes con el mundo superior y manipularlas sobre el alma con el fin de reflejar el divino macrocosmos, es lo que otros filósofos de la época trataron de conseguir mediante el uso del antiguo Arte de la Memoria. Su invención se atribuye a Simónides de Ceos (556-468 a.C.) y a lo largo de las épocas ha sido cultivado irregularmente pasando de ser una ayuda para la oratoria a todo un camino para comprender el significado de la creación y avanzar hacia la meta de la contemplación del Uno.
El Arte de la Memoria se basa en la selección de imágenes de gran poder evocador, como estatuas o escenas mitológicas, distribuidas ordenadamente en paisajes especiales o edificios de arquitectura singular. Al asociarse y tener relación con aquello que se quiere memorizar permitía, por ejemplo, que se recordaran los argumentos de un discurso o las palabras de un texto, mientras el orador caminaba por el paisaje que había diseñado en su imaginación. Su mayor exponente en el Renacimiento fue Giordano Bruno (1549-1600), quien se basó en el principio hermético de la reflexión del universo en la mente como experiencia que permite ascender hacia el Uno, para aplicar el Arte con un profundo sentido mágico-religioso. El objetivo de su sistema de la memoria era elaborar en la psique una imagen completa del plano astral, pues igual que para Ficino, las imágenes de las estrellas eran las intermediarias entre el mundo supraceleste y el elemental (él las denominaba umbris idearum, las sombras de las Ideas). Utilizó las imágenes talismánicas de las estrellas propuestas por Cornelio Agrippa (1486-1535) en su obra "De occulta philosophia", y las colocó en un sistema de ruedas concéntricas giratorias heredero del Ars brevis de Ramón Llull (1232-1315). Este sistema le permitía elaborar un modelo que reproducía en su mente el cielo entero, sus movimientos y sus influencias astrológicas. Unificaba en su memoria el plano astral, escala por la que la Luz del Uno desciende y se difunde hacia todo y por lo tanto la misma por la que el místico puede ascender.
En cierto sentido era un camino similar al utilizado por los místicos judíos a través de la Cábala, tradición originada en España y el sur de Francia a principios del siglo XIII. La Cábala pretende describir el proceso por el cual a partir de un Dios oculto sin cualidades ni atributos (En-Sof) se manifiesta el mundo en una serie de etapas a través de las cuales las sephira (los nombres creadores que Dios se dio a sí mismo), se despliegan generando la creación, aspecto externo de la acción de Dios operando sobre sí mismo. La Shekináh es la presencia e inmanencia de Dios en nuestro mundo manifestado, y se encuentra en todo, incluyendo cada uno de nosotros. Es pues de nuevo una visión del Alma del Mundo. Aquel que comprendía estos procesos descritos en el significado oculto de la Torah, y con ellos la arquitectura del cosmos, es decir, aquel que conocía la senda por la cual la creación se desplegaba desde arriba hacia abajo, podía conocer el camino para remontar el proceso espiritual que lo devolvía a la unidad original, armonía perdida tras la Caída y simbolizada por la unión sagrada de Dios y su Shekináh.

El corpus de la Cábala surgió de la tradición (muchas veces oral) de maestro a discípulo, pero otras veces se enriquecía por "inspiración divina". Ésta se producía mediante revelaciones nuevas a través de éxtasis y sueños visionarios, experiencias para las cuales también era fundamental el ojo espiritual que supone la imaginación activa.
Igualmente fundamental era para las experiencias visionarias de los místicos del Islam, en las que se producía un despertar cuando se anulan las facultades de la percepción sensible ante las primeras luces de la visión extática. A partir de dicho momento los objetos no son puramente físicos, sino que también revelan acontecimientos del alma, es decir, pasan a poseer un profundo significado de forma que el místico ha transfigurado la Tierra a través de su meditación, paso previo a la ascensión hacia la Luz de luces.
Por último, la Imaginatio Vera era la piedra angular de la Alquimia, de modo que permitía al filósofo vivir la obra no sólo como un acontecimiento sobre la materia, sino al mismo tiempo como operaciones llevadas a cabo sobre el alma, permitiéndole avanzar en las diferentes etapas. Su meta era la reunificación de los opuestos, la piedra filosofal llamada Rebis, el ser doble o andrógino hermético. En la piedra toda oposición se anulaba por la unión de lo masculino y lo femenino, lo alto y lo bajo, lo celestial y lo terrenal, lo exterior y lo interior. La obra era pues realizada por y en el ser humano; milagro llamado a reunificar en sí mismo el cosmos en su totalidad.



Fuentes:
-Yeats F. A., "El Arte de la Memoria" (Siruela,2005)
-Culianu I. P., "Eros y magia en el Renacimiento" (Siruela,1999)
-Chevalier J., Gheerbrant A., "Diccionario de símbolos" (Herder,1999)
-Scholem G., "Las grandes tendencias místicas del judaismo" (Siruela,1996)
-Harpur P., "El fuego secreto de los filósofos" (Atalanta,2006)
-Corbin H., "Cuerpo espiritual y Tierra celeste" (Siruela,2006)
-Wikipedia, la enciclopedia libre

 
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